Reserva Natural Lagunas de El Longar, Altillo Grande y Altillo Chica
Islas de agua en medio de un mar de tierra. Humedales de la Mancha en Toledo
Las lagunas de El Longar, Altillo Grande y Altillo Chica son tres lagunas endorreicas que, junto con la laguna de la Albardiosa, constituyen el complejo lagunar de Lillo.
De origen mixto (tectónico y por disolución de yesos), se alimentan de las aguas de escorrentía, la precipitación directa, así como de las aportaciones del acuífero subyacente. Aun así, mantienen características claramente diferenciadas, ya que la laguna de El Longar, la más grande de las tres, recibe aportes de las aguas residuales del municipio de Lillo tras su paso por la depuradora municipal, así como a través de un drenaje que se realizó para encauzar las aguas en los momentos de grandes avenidas, por lo que, pese a ser estacional en origen, se ha convertido en un humedal permanente. A pesar de las notables modificaciones sobre sus características naturales, la vegetación de sus márgenes está constituida por formaciones halófilas de gran interés, dentro de las que destaca el albardinal, uno de los mejor conservados y más extensos de la provincia de Toledo. Por otro lado, al almacenar agua durante todo el año, constituye un excelente refugio para una rica avifauna acuática.
Las lagunas del Altillo Grande y Altillo Chica, sin embargo, son dos cubetas salinas estacionales de fondo plano que mantienen el régimen de encharcamiento-desecación típico de los humedales salinos interiores, donde queda patente la sucesión vegetal halófila que va desde las aguas cargadas de sales, hasta los albardinales que nunca se inundan, de gran diversidad y riqueza botánica.
En El Longar, la mala calidad de los sedimentos y del agua embalsada hace imposible el desarrollo de vegetación acuática. En las lagunas del Altillo, el factor que limita su crecimiento es la escasa duración de los periodos de inundación. Sin embargo, en la zona este de la laguna de El Longar, en una charca estacional, se desarrollan praderas subacuáticas halófilas, testigo de la valiosa vegetación acuática que colonizaba la cubeta de esta laguna cuando sus aguas no estaban contaminadas. Se trata de formaciones de carófitos de Charetum conniventis, que forman praderitas entre las que crecen otras plantas de carácter halófilo como Riella drepanensis. La presencia de estas praderas asegura la trasparencia del agua y favorece la presencia de especies sensibles a la contaminación del agua como Riella helicophylla, especie muy escasa y amenazada.
En El Longar se desarrollan también densos carrizales asociados a la entrada de aguas de menor salinidad procedentes de la depuradora de Lillo, que constituyen un buen refugio para la fauna y ejercen una función importante como depuradores terciarios. En todo el contorno de la laguna, encontramos matorrales de almajo dulce, formaciones que ocupan suelos salinos encharcados en invierno, pero con fuerte desecación estival, que suelen constituir la primera banda de vegetación leñosa en las lagunas salobres, en cuyos claros se desarrollan especies anuales primaverales características de las estepas salinas mediterráneas. En zonas más elevadas de la cubeta o terrenos próximos que no suelen encharcarse, se desarrollan albardinales de Lygeum spartum, que alcanzan una gran extensión al norte de este humedal. Interecaladas entre los albardinales, localizadas en pequeñas depresiones, aparecen formaciones de coralillo (Microcnemum coralloides), especie catalogada como vulnerable en el Libro Rojo y en nuestro catálogo regional. Por último, formando dos bandas continuas en el perímetro oriental de El Longar, se localiza una repoblación de tarays.
Las lagunas del Altillo constituyen claros ejemplos de humedal salino interior, con sus ciclos de encharcamiento y desecación, formación de costra salina y una vegetación muy especializada adaptada a los distintos grados de salinidad y encharcamiento del suelo. En sus orillas, sobre suelos que se encharcan en primavera, se desarrollan pastizales de Suaedo spicatae-Salicornietum patulae, formaciones pioneras sobre suelos desnudos y salinos que son más o menos abundantes todos los años tras la retirada del agua. Contactan con los almajares de almajo dulce, formaciones poco compactas, en cuyos claros se desarrollan especies anuales primaverales ligeramente nitrófilas y halófilas. En zonas más elevadas y, por tanto, con un periodo de inundación mucho menor y menor concentración salina, se desarrollan praderas graminoides vivaces de Aleuropus littoralis y Puccinellia fasciculata, así como praderas juncales de almorchín (Schoenus nigricans). Rodeando las lagunas, en terrenos salinos que no se encharcan, se desarrollan albardinales, aunque de menor extensión que en El Longar. En Altillo Grande, además, encontramos entre ellos pequeñas representaciones de Microcnemum coralloides.
Destacar la presencia de flora amenazada entre las formaciones descritas, como Senecio auricula subsp. castellanus, Lepidium cardamines, Limonium carpetanicum o la ya mencionada Microcnemum coralloides, que aparecen en el seno de los albardinales, o la sapina (Athrocnemum macrostachyum), localizada en los almajares de la laguna de El Longar.
Estos humedales se sitúan en La Mancha, una gran llanura que constituye una cuenca sedimentaria en la que, sobre un zócalo hercínico paleozoico en su parte oeste, el cual aflora en puntos muy concretos que destacan sobre el resto del llano a modo de lomas, y otro Mesozoico dominado por calizas, dolomías, margas, y arenas en el centro y este, se ha depositado una formación continental moderna constituida por conglomerados, arenas, arcillas, margas, yesos y calizas neógenas, a su vez recubierta parcialmente por materiales detríticos Pliocuaternarios y Cuaternarios.
En este marco quedarían encuadrados los humedales manchegos, incluyéndose estas lagunas en el grupo de los humedales endorreicos salinos de la llanura manchega central, el más extenso e importante de la Península Ibérica. Su génesis está asociada, por un lado, a la fracturación y desplazamiento de los bloques del zócalo paleozoico que han condicionado la presencia de depresiones que actúan como superficies impermeables de descarga de acuíferos. Por otro lado, sobre los depósitos yesíferos se han desarrollado procesos de subsidencia o colapso debidos a fenómenos de karstificación, originándose así un complejo endorreico kárstico establecido sobre un paleorrelieve paleozoico impermeable subsuperficial.
La Mancha Húmeda desempeña un papel muy destacado como área de invernada y reproducción de un buen número de aves acuáticas. La laguna de El Longar es la que concentra la mayoría de las aves, fundamentalmente durante el periodo reproductor, comportándose las otras dos como localidades satélite. Crían habitualmente pagazas piconegras, cigüeñuelas, avocetas, chorlitejos patinegros, avefrías, etc., pero también se han dado cita tarros blancos, ánades azulones y canasteras en los últimos años. Durante la invernada y paso migratorio acoge numerosas especies de anátidas, ardeidas y limícolas, siendo abundantes las poblaciones de ánade azulón, tarro blanco, pato cuchara, cerceta común o ánade friso, entre las anátidas, chorlitejo patinegro, avefría, correlimos menudo y común, andarríos grande y agachadiza común entre las limícolas, así como gaviotas sombría y reidora, pollas de agua, rascones o en ocasiones grullas.
Destaca también la presencia durante todo el año de aves esteparias amenazadas como la avutarda, el sisón, el alcaraván y la ganga común. También nidifican el aguilucho cenizo, cernícalo primilla, paloma zurita, tórtola común y críalo y, ocasionalmente, se ha detectado la presencia de la alondra de Dupont en el albardinal. La zona es utilizada habitualmente como cazadero por el aguilucho lagunero y halcón peregrino durante todo el año, aguilucho pálido y esmerejón en invierno, y milano real durante los pasos.
Especial interés tienen además las especies de invertebrados terrestres asociados al entorno salino y las lagunas, habiéndose citado más de 45 especies.
La amplitud del paisaje manchego, en su mayor parte ocupado por cultivos, está dominado por una gran llanura que se rompe solo con la aparición de pequeños cerros. Por su parte, la presencia de superficies suavemente cóncavas y la indefinición de la red de drenaje, ha propiciado el endorreismo y la proliferación de lagunas someras que llegan a matizar un área completamente distinta, como es el caso de estas lagunas.
En un entorno muy humanizado, junto al casco urbano de Lillo, aparecen las lagunas de El Longar, Altillo Grande y Altillo Chica. La laguna de El Longar, que almacena agua prácticamente todo el año, constituye un enclave de gran interés para la avifauna acuática, que también coloniza las lagunas del Altillo cuando las lluvias otoñales y primaverales son abundantes. A medida que llega el verano, el calor evapora el agua acumulada y se forma una capa salina blanquecina que contrasta con las tonalidades verdosas de la vegetación circundante y el color pardo de los barbechos. Los enclaves perilagunares mantienen un genuino cinturón de formaciones vegetales halófilas conformadas por praderas, juncales, estepas y matorrales salinos de pequeño porte, representando la vegetación potencial y natural del medio.
Este paisaje mediterráneo de gran belleza, en el que se observa la laguna como elemento más singular, es característico de esta parte de la comarca manchega, pero por su alta singularidad y fragilidad, requiere un especial esfuerzo para su conservación.
Ficha técnica
Espacio Natura 2000 "Humedales de la Mancha" (ZEC/ZEPA ES4250010-ES0000091)
Refugio de fauna
Monte de utilidad pública
Reserva de la Biosfera "Mancha Húmeda"
Lillo: 407,07 ha.




