Parque Nacional de Cabañeros
Parque Nacional de Cabañeros
Cabañeros es un lugar único en el mundo. Aquí sobrevive intacto el gran bosque mediterráneo de Europa, donde el visitante aún puede verse rodeado de la fauna ibérica más amenazada, y ver fósiles de más de 500 millones de años de antigüedad.
En su paisaje de "rañas", llanuras y bosque abierto viven grandes representantes de la fauna ibérica como el lince ibérico, el águila imperial ibérica y el buitre negro, además del ciervo ibérico. Sus más de mil especies vegetales, sus fósiles del Ordovídico, y las cabañas de carboneros que dan nombre al parque son sólo una pequeña parte de su atractivo.
El clima es un factor determinante del ecosistema y clave para entender el tipo de vegetación existente, nos encontramos en el dominio mediterráneo, con un marcado período de sequía estival y lluvias primaverales y otoñales. En invierno, suele nevar alguna vez a lo largo del año.
La vegetación del Parque Nacional de Cabañeros destaca por su buen estado de conservación. Además de matorrales mediterráneos con abundantes jaras, brezos, labiérnagos, madroños y otras especies, y aunque las masas arbóreas mejor representadas son las formaciones mixtas, puede señalarse que las formaciones vegetales más características del Parque son las siguientes:
Encinares: son los bosques más abundantes en el monte mediterráneo. De forma general, se localizan en el pie de las sierras y en las zonas más secas de las rañas, donde se encuentran adehesados. La especie arbórea principal es la encina (Quercus rotundifolia), que en zonas de alta humedad está acompañada por quejigos. Junto a estos árboles aparecen el madroño, el labiérnago, la cornicabra y arbustos como jaras, brezos, romero, madreselva, mirto, etc.
Alcornocales: se sitúan, en general, en las orientaciones más cálidas de las sierras, y bajo un clima subhúmedo. Están dominados por el alcornoque (Quercus suber), que en ocasiones se mezcla con encinas y quejigos. Las especies acompañantes son similares a las del encinar, aunque también aparecen otras como el arce de Montpellier y el durillo.
Quejigares: aparecen en zonas un poco más húmedas y frías que las de los encinares, normalmente en umbrías. La especie dominante es el quejigo (Quercus faginea). Sirven de refugio a la fauna en épocas de mayor calor, y en ellos se observan plantas como las peonías.
Rebollares: se ubican en las zonas más elevadas del Parque Nacional y en algunos fondos de valle húmedos. En esta zona están dominados por el roble melojo o rebollo (Quercus pyrenaica), en cuyo cortejo florístico se presentan especies como el mostajo, espino albar y distintos helechos.
Bosques de ribera: se localizan en las orillas de los ríos Estena y Bullaque, así como en las de los cauces de arroyos más pequeños en el interior del territorio del Parque Nacional. En ellas podemos encontrar árboles como sauces, fresnos y alisos, y arbustos como zarzas y escaramujos.
Vegetación propia de humedales: las áreas acuáticas y húmedas posibilitan la presencia de diversos tipos de vegetación, en equilibrio con pequeñas diferencias locales (profundidad del agua, velocidad, período de encharcamiento, etc). Estas áreas ocupan pequeñas superficies en el Parque, en zonas como las pequeñas depresiones y lagunas estacionales que sufren un estancamiento temporal, con especies como ranúnculos, destacando el caso singular de helecho acuático (Isoetes setaceum) en la laguna de los Cuatro Morros; en suelos permanentemente húmedos, o que pueden sufrir encharcamientos estacionales, con praderas de juncos; en las turberas o trampales, zonas semiencharcadas muy singulares y frágiles donde se desarrolla una flora muy específica, con especies como el brezo de turbera (Erica tetralix) y plantas carnívoras como la atrapamoscas (Drosera rotundifolia) y la tiraña (Pinguicola lusitanica).
Aparte de los elementos más representativos, tienen presencia en el Parque árboles muy singulares en estas latitudes por ser propios de lugares más norteños, que en Cabañeros suelen aparecer de manera aislada. Es el caso del loro, el tejo, el acebo y el abedul, que restringen su distribución en esta zona a las zonas con mayor humedad.
El Parque Nacional de Cabañeros se encuentra incluido en el sistema orográfico de los Montes de Toledo, a caballo entre las provincias de Ciudad Real y Toledo. Como referencia, podríamos decir que abarca la mitad meridional del macizo del Chorito y la parte superior de la Raña de Santiago, llanura que se encuentra limitada al sur por la Sierra de Miraflores. Comprende asimismo, el Macizo del Rocigalgo, techo altitudinal de la provincia de Toledo con 1488 metros.
Desde el punto de vista geológico, podemos comentar que el sistema orográfico de los Montes de Toledo se sitúa en el denominado Macizo Hespérico que comprende el gran núcleo de rocas antiguas (terrenos precámbricos y paleozoicos) que configuran toda la mitad occidental de la Península. A grandes rasgos, sus materiales geológicos se estructuran en dos grandes conjuntos, por un lado un basamento antiguo constituido por rocas detríticas depositadas en un ambiente marino o litoral hace unos 500 millones de años y, por otro, una cobertera reciente, de origen netamente continental, vinculada a las crisis climáticas características de fines del Terciario y comienzos del Cuaternario, con una antigüedad inferior a los 3 millones de años. Estos dos grandes conjuntos rocosos y sedimentarios que hemos descrito configuran el relieve de Cabañeros ya que los materiales paleozoicos (cuarcita ordovícica y pizarras silíceas de edad cámbrica) son los que forman las áreas montañosas denominadas genéricamente “Sierras”, mientras que la cobertera reciente es la que configura las típicas “Rañas”. Estas rañas se formaron por el arrastre masivo de materiales procedentes de laderas y piedemonte hacia los valles, creando así extensas llanuras de relleno constituidas por arcillas con una cantidad variable de cantos de cuarcita. El resultado final es un extenso entramado cuya configuración de áreas elevadas y deprimidas (sierras y rañas respectivamente) se repite de forma rítmica a lo largo de muchos kilómetros y que, geomorfológicamente hablando, recibe el nombre de relieve apalachense. Su razón de ser estriba en la dureza y resistencia a la erosión que oponen las unidades cuarcíticas paleozoicas, plegadas durante la Orogenia Hercínica, ocurrida hace más de 300 millones de años.
Desde el punto de vista hidrográfico, cabe señalar que Los Montes de Toledo sirven de divisoria de aguas entre las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana, encontrándose Caba- ñeros mayoritariamente en esta última (95,5%). Básicamente podríamos explicar que el espacio protegido se enmarca entre los cauces de dos ríos afluentes del Guadiana por su margen derecha: el Bullaque y el Estena, que tienen su cabecera en el interior de los Montes de Toledo y en cuyos cursos medios podríamos situar los límites oriental y occidental del área protegida. El Bullaque y sus arroyos tributarios (Brezoso, Pescados, etc.) no han excavado valles diferenciados en la raña, circulando sobre ella en cauces poco definidos de notable movilidad, entre los cuales quedan sectores mal drenados que se encharcan temporalmente como ocurre por ejemplo en la zona de Los Esmataos. Por el contrario, el Estena que vierte sus agua al Guadiana en Cíjara, a solo 450 metros de altitud, si ha excavado un profundo valle y tanto el mismo como sus tributarios (arroyos de las Peralosas, Valdelayegua, etc.) circulan encajonados entre montes, originando paisajes y rincones de gran belleza.
Los materiales geológicos predominantes en el terreno son la cuarcita y, en menor medida, la pizarra. En algunos de estos materiales se pueden observar fósiles de hace más de 400 millones de años, cuando la zona estaba cubierta por un mar. La ruta del Boquerón del Estena está considerada Lugar de Interés Geológico.
En cuanto a la fauna, en la raña, los saltamontes son los insectos más abundantes en primavera-verano, y también abundan las mariposas. El anfibio más numeroso es el sapo corredor, que se reproduce en charcas someras.
Las aves presentes en verano son fundamentalmente insectívoras, y consumen sobre todo ortópteros, como es el caso de la cigüeña blanca, la carraca, el cernícalo común, etc. Por el contrario, en el invierno son dominantes las especies granívoras. Hay un importante grupo de especies de la raña propio de ambientes esteparios, como el sisón y el alcaraván. También encontramos el elanio común, que vive en zonas abiertas. En todas las épocas del año es frecuente observar buitres negros y leonados.
Una de las especies más abundantes es el ciervo, que en la segunda mitad del año es muy frecuente en la raña.
Respecto a la fauna en el monte, en Cabañeros está uno de los núcleos de cría más importante del mundo de buitre negro. Ligados a los bosques de encinas, quejigos y alcornoques se encuentran muchas especies forestales, como el águila imperial ibérica, en peligro de extinción, en el Parque Nacional, el águila culebrera, el águila calzada, el gavilán y la cigüeña negra.
En los arroyos de la sierra destacan peces como el cacho, el calandino, el jarabugo (en peligro de extinción), la colmilleja, la boga, la pardilla y el barbo cabecicorto; anfibios como el tritón ibérico; y reptiles como el galápago europeo y el lagarto verdinegro.
Se encuentran en abundancia las especies cinegéticas de ciervo, jabalí,corzo y cabra montés. Los mamíferos depredadores como la garduña, la jineta, el gato montés (especies protegidas) y el zorro son fundamentalmente consumidores de micromamíferos.
El paisaje del Parque Nacional de Cabañeros presenta grandes contrastes y está estructurado en dos grandes unidades muy representativas de la zona de los Montes de Toledo: La raña: es una gran llanura de aproximadamente 8.000 hectáreas de extensión situada en el sureste del Parque, cuyo origen es el relleno con materiales circundantes que se produjo hace unos 3 millones de años. En los años 60 se eliminó parte del bosque y el matorral que la cubría, para dedicarla a cultivos de cereal, y a partir de entonces se convirtió en el herbazal arbolado actual, con algunas zonas que conservan la vegetación original, como la denominada el “Mancho del Portugués” o algunos de los alrededores de la Colada de Navalrincón. Las sierras: son las zonas de relieve montañoso correspondientes al norte, el centro y el oeste del Parque, y ocupan la mayor parte de su superficie, oscilando su altura entre los 650 y los 1448 metros de su cumbre más elevada, el Rocigalgo. Se encuentran cubiertas de bosques y matorrales, y en ellas también pueden observarse pedrizas descubiertas de vegetación. Los bosques más abundantes son los encinares, alcornocales, quejigares, rebollares, y de ribera alrededor de los cursos fluviales. El matorral más abundante es el jaral-brezal.
Los Montes de Toledo se denominan así dado que, desde 1246 y hasta la desamortización de Madoz en 1835, fueron propiedad de la Ciudad de Toledo. En sus Ordenanzas de Uso, compiladas en el siglo XVI para asegurar la conservación de sus recursos naturales, se regulaban la agricultura, ganadería, apicultura, carboneo, leñas y extracción de madera, lo que permitió la conservación de las masas forestales. Además, se impuso un rígido sistema fiscal para los pobladores, con impuestos como el “dozavo”, sobre determinadas producciones; el “portazgo”, sobre el paso por el Puerto Manchés, el “humazgo”, sobre el carboneo, etc. Este sistema impositivo, unido a la adversa orografía, tuvo como consecuencia una disminución de la población de Los Montes, de forma que desde el siglo XIII al siglo XIX desaparecieron numerosos núcleos de población. Tras las ventas en las desamortización de 1835, las fincas cayeron en manos de personas que acapararon vastas extensiones de terreno, lo que constituye el origen de las grandes propiedades actuales existentes en los Montes de Toledo.
El Parque Nacional de Cabañeros fue declarado en 1995, pero siete años antes, en 1988, ya había sido declarado Parque Natural por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha como fruto de la generalizada reivindicación popular por evitar que Cabañeros se convirtiera en un campo para maniobras y prácticas de tiro del ejército.
La presencia del hombre en el Parque es muy antigua. Los restos de los primeros pobladores que se han encontrado en el entorno se remontan al Paleolítico Inferior. También se han localizado pequeños poblados de la Edad de Bronce. El hombre, desde tiempo inmemorial, ha vivido en chozas o cabañas. Precisamente de las cabañas de pastores y carboneros ha tomado el nombre el paraje y el propio Parque: Cabañeros. Hoy únicamente quedan las cabañas que se han restaurado, pero pueden observarse los numerosos grupos de “fondos de choza” en muchos lugares que señalan la ubicación de antiguas poblaciones.
Actividades tradicionales como el carboneo, la ganadería y la agricultura de subsistencia han tenido mucha importancia en la zona. En la actualidad, en algunos lugares del interior del Parque Nacional se sigue practicando el descorche de los alcornoques y la apicultura. Es objetivo del Parque la conservación y divulgación de los valores culturales de su entorno y de los usos tradicionales compatibles con la conservación de la naturaleza
Ficha técnica
Red Natura 2000 (Normativa europea):
- Lugar de Interés Comunitario (LIC) Montes de Toledo.
- Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Montes de Toledo
Red de Espacios Naturales Protegidos de Castilla La Mancha:
- Área Crítica del Águila Imperial Ibérica Montes de Toledo.
- Área Crítica de la Cigüeña Negra Montes de Toledo
- Área Crítica del Buitre Negro.
Otros instrumentos de protección:
Lugar de Interés Geológico: Boquerón de Estena, con la denominación «PZ004: Cámbrico y Ordovícico del Parque Nacional de Cabañeros»
Reserva Natural Fluvial: Río Estena en todo el tramo que atraviesa el Parque Nacional (Código de Reserva ES040RNF140)
Bien de Interés Cultural: Torre de Abraham










